Hipócrita lectora

Blog de Sonia García López

All’ombra della croce

pugno

Texto publicado originalmente en Blogs&Docs el 1 de octubre de 2013

Si existe un complejo arquitectónico que, casi 40 años después de la muerte de Franco, simbolice el espíritu de revancha que se desató tras la guerra civil en la España franquista, ese es, sin duda, el que se alza cerca de San Lorenzo del Escorial (Madrid), en el valle de Cuelgamuros. El Monumento del Valle de los Caídos, cuya construcción, ordenada por el Franco, se extendió durante casi veinte años, fue concebido por el dictador como un homenaje a los caídos “por Dios y por España”. Y aunque, como reza la aséptica descripción del lugar que ofrece Patrimonio Nacional, “en la roca está excavada la gran Basílica sepulcral, donde están enterrados caídos de los dos lados enfrentados en la guerra civil”[1], lo cierto es que el lugar se erigió desde su construcción en símbolo de la memoria franquista que todavía hoy, cada 20 de noviembre, convoca a un séquito de nostálgicos que se reúnen ante la tumba de Franco para rendirle tributo. En este enclave lacerante para tantos españoles se desarrolla A la sombra de la cruz (All’ombra della Croce, Alessandro Pugno, 2012), documental que pudo verse en la pasada edición del Festival Punto de Vista de Navarra y posteriormente se alzó con la Biznaga de Plata al Mejor Documental en el Festival de Cine Español de Málaga; y no precisamente volviendo la vista sobre pasado, sino concentrándose en el presente más inmediato.

Cierto es que el documental establece desde el principio, si bien de manera algo tosca, una suerte de contigüidad entre pasado y presente en virtud del arranque basado en imágenes de archivo correspondientes a documentales de la guerra civil de orientación fascista. No obstante, lo que sigue a continuación tras esta breve digresión es una “inmersión en la vida cotidiana perfectamente regulada del Valle de los Caídos (…) solo perturbada cuando el mundo exterior, secular, llama con fuerza a su puerta”[2]. En efecto, ante nuestros ojos se despliega ––desde un rigor observacional únicamente resquebrajado por la inserción de imágenes de archivo en un momento puntual––, el día a día de los niños que viven en la escolanía, en la que son instruidos en materias escolares y en el culto religioso, junto a los monjes benedictinos que se ocupan del desarrollo del programa y del mantenimiento de la Abadía de la Santa Cruz. En paralelo, el documental acompaña a un antiguo escolano en los preparativos para recibir la orden sacerdotal, destino ideal que los abades del valle prefiguran para la chiquillería que allí se educa siguiendo los valores más ortodoxos de la doctrina católica. Desde este punto de vista, resulta revelador, por lo novedoso de las imágenes, descubrir la pervivencia de la alianza entre la religión y el espíritu del franquismo (“forjador de este legado es el generalísimo Franco”, nos informa la voz de Matías Prats, padre, en uno de los noticiarios mostrados al comienzo del documental). Ese es, sin duda, uno de los mayores logros del documental de Pugno, pues permite al público que normalmente se abstiene de frecuentar estos lugares o de educar a sus hijos en la más estricta observación del catolicismo, descubrir algunas de las perlas sobre las que se sostiene el adoctrinamiento de los niños:

“¿Por qué pensáis que hay frío hoy en las almas? Porque hacemos el mal. Hacemos el mal porque nos apartamos de Jesús, porque hacemos que Dios esté fuera de nuestros corazones, que esté ausente de nuestros corazones. Por eso hay frío en los corazones, por eso hay frío en las almas. Y por eso hay mentiras. Si una persona dice que 2 + 2 son 4 y la otra dice que 2 + 2 son 5, ¿las dos tienen la verdad?

-¡No!

-¿Cuál tiene la verdad?

-¡La que dice que 2 + 2 son 4!

-Claro. Si una persona dice que el mar lo vemos de color azul y otra dice que lo vemos de color negro… de día, ¿cuál tiene razón?

-¡La de azul!

-Y si una persona dice que Dios existe y otra dice que Dios no existe… ¿cuál pensáis que tiene razón?

-¡La de Dios existe!”.

Las parábolas con que los abades ilustran a los niños, al igual que la inscripción en piedra que preside la sacristía (“Caídos por Dios y por España, 1936-1939”) o las flores siempre frescas que adornan la tumba del Generalísimo en pleno corazón de la basílica redundan, sin duda alguna, en esa contigüidad entre pasado y presente que se esboza al comienzo del documental. Se diría que no ha obrado cambio alguno (más allá del propio del devenir temporal) entre aquellos tiempos en blanco y negro que rememoran las imágenes de archivo, y este presente del Valle teñido por la niebla y la nieve, tan bello como amenazador, que nos descubre Alessandro Pugno a través del cuidado trabajo del director de fotografía, Leif Karpe. De hecho, los marcadores temporales que ofrece el documental son escasos, y solo el espectador perspicaz ubica con precisión el momento en el que se desarrolla la aparentemente apacible vida de la escolanía. Y sin embargo, esos pocos marcadores permiten establecer la franja temporal que ocupa A la sombra de la Cruz de manera muy precisa. Lo vemos en la secuencia en que, a la oscuridad de unos pasillos filmados sin ayuda de iluminación artificial que casi nos transportan imaginariamente a una mazmorra medieval, se opone la luz blanca de una imagen texturizada de archivo televisivo que muestra a un grupo de personas indignadas por no poder acceder a la basílica. La mosca con la silueta azulada de un toro en la parte superior derecha nos informa que se trata de Intereconomía TV, uno de los canales más reaccionarios del territorio español y, en consonancia con su política televisiva, la cadena retransmite un mensaje del Papa Benedicto XVI quien, durante su visita a España, lanzó una crítica al laicismo que se ‘desencadenó’ durante los años 30, y de cuya pervivencia en la actualidad vendría a levantar acta el cierre temporal de la basílica. A su vez, en franco desafío a la prohibición de oficiar misas públicas en la abadía, el abad Anselmo Álvarez, prior del Valle de los Caídos, ofrece una misa de campaña en el exterior del recinto, cubierto por la nieve, una celebración que desde hace 52 años conmemora a “todos los caídos, santos y santas mártires que reposan en la basílica”. Nos encontramos, por tanto, en los primeros días de noviembre de 2010. La espectadora memoriosa, o aquella que tire de hemerografía en Internet, podrá determinar que, poco antes, durante 2009, el gobierno de Zapatero, amparándose en la Ley de Memoria Histórica y alegando la restauración de las esculturas de Juan de Ávalos, cerró a las visitas el monumento del Valle de los Caídos. Mientras tanto una comisión de expertos elaboraba un informe sobre su estado general que habría de determinar si volvía a abrirse al público, y en calidad de qué.

En este contexto, el discurso del abad reivindicando la apertura de la basílica ‘a todos los católicos… a todos los ciudadanos’ se impregna con mayor fuerza del inequívoco aliento reaccionario y nostálgico que invade a los presentes. Desde luego, está en la mano del público decidir si el documental se suma a la reivindicación del abad o constituye una denuncia del flagrante anacronismo que pervive en las instituciones del estado, incapaces de gestionar desde presupuestos democráticos el más inequívoco lugar de memoria del franquismo. Operando dentro de las más estrictas consignas del documental observacional, y aún de ciertos usos del documental como herramienta de conocimiento antropológico, A la sombra de la Cruz se apropia del discurso representado y habla con su voz (la del Matías Prats del No-Do, la del locutor de Intereconomía, la de los abades de la escolanía), dejando al atribulado espectador la libertad para escoger qué lectura quiere hacer del documental. En su ambivalencia reside su riqueza, y en lo inquietante de esa ambivalencia residen los intentos por domesticarla haciendo bascular la intención de la obra en un sentido o en otro. Así, parafraseando a Jonas Mekas en su lectura del cine de Leni Riefenstahl –sin que esto sirva de paralelismo entre la intención de la obra de la cineasta alemana y el documental aquí comentado– podremos decir que si usted es idealista, verá idealismo; si es clasicista, verá clasicismo; y si es fascista, verá fascismo[3].

[1] La información ofrecida por Patrimonio Nacional obvia el hecho de que solo las tumbas de aquellos pertenecientes al bando nacional están identificadas, mientras que el número de republicanos allí enterrados, así como su identidad y el modo en que sus restos mortales llegaron allí permanecen indeterminados.

[2] Según la sinopsis de la productora Invisible Films.

[3] Citado por Susan Sontag en ‘Fascinating Fascism’, New York Review of Books, 6 de febrero de 1975.

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Esta entrada fue publicada en 22 de noviembre de 2014 por en ESCRITOS Y ENSAYOS y etiquetada con , , , , .
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