Hipócrita lectora

Blog de Sonia García López

El sol del membrillo veinte años después

Cuando se estrenó El sol del membrillo hace 20 años, pocos en España utilizaban conceptos tan socorridos hoy como film-ensayo o “cine de lo real”. La disolución de fronteras entre ficción y documental, de la que hoy tanto se habla, no era demasiado reconocible en la práctica cinematográfica española.

Se trata de enfoques que hoy permiten eludir las categorías y sirven para dar cuenta de un tipo de cine, muy sugerente, que persigue la representación de la realidad como epifanía, como revelación inesperada en el corazón de la ficción.

En más de un sentido, El sol del membrillo recoge todas esas cuestiones. Algo que permite sumar una cualidad visionaria a sus múltiples logros. Pero, ¿de qué nos habla la película de Víctor Erice?

En primer lugar, nos habla de la búsqueda de una luz que el pintor Antonio López persigue en su sueño: la luz del sol otoñal que cae sobre un membrillero en su infancia. Una luz, por tanto, doblemente inaprensible: porque ha sido fabricada por un sueño y porque la fijeza, como diría Octavio Paz, es siempre momentánea.

La película El sol del membrillo documenta esa búsqueda imposible y, bajo la forma aparente de un film sobre el trabajo del artista, desvela todo el intenso trabajo que subyace a la apariencia quasifotográfica de las pinturas hiperrealistas de Antonio López: los instrumentos de medición y las marcas que sirven de referencia; la paciente aceptación de las inclemencias del tiempo; la preparación y la espera del instante oportuno para pintar, avanzando un poco cada día, la luz perseguida en el preciso instante en que cae sobre los frutos.

A lo largo de todo este proceso de desvelamiento de la obra de Antonio López, solo hay una cosa que se escamotea a nuestra mirada: el dispositivo cinematográfico que la hace posible ante nuestros ojos.

Podemos pensar entonces que, en ese juego de apariencias y revelaciones, Erice actualiza la parábola de Zeuxis y Parrasios, aquellos dos grandes pintores de la Antigüedad griega que rivalizaban en maestría a la hora de representar la realidad de la manera más fidedigna. En una ocasión, Zeuxis desafió a Parrasios a participar en un concurso para determinar quién de los dos era capaz de alcanzar un mayor grado de realismo. Cuando se descorrió la cortina tras la que se ocultaba la obra de Zeuxis aparecieron pintadas unas uvas de apariencia tan exquisita y tentadora que los pájaros, confundidos, se acercaron a comerlas. Así que, muy ufano, Zeuxis le pidió a Parrasios que descorriera la cortina para ver lo que había pintado. Solo entonces pudo saber que la cortina estaba pintada. Veamos, entonces, la luz que proyecta Víctor Erice sobre el trabajo de Antonio López.

Texto leído con motivo de la proyección XX Aniversario de El sol del membrillo en la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España

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Esta entrada fue publicada en 19 de octubre de 2012 por en ESCRITOS Y ENSAYOS y etiquetada con , , , .
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