Hipócrita lectora

Blog de Sonia García López

Laurent Cantet: un cine de lo real

Hace ya algunos años, Àngel Quintana acuñó el término de “realismo tímido” para referirse a cierta tendencia del cine español. Se trataba de un conjunto de filmes de temática social cuya manifiesta vocación realista quedaba constreñida por un exceso de artificio que obedecía al empleo de recursos propios de lo que podríamos llamar “cine de calidad”: el uso de estrellas del cine en los papeles protagonistas que, tras un minucioso proceso de preparación de los personajes, resultaban “casi irreconocibles”; un depurado trabajo de puesta en escena y fotografía que otorgaba tal plasticidad a la película que resultaba imposible obviar el dispositivo, y un trabajo de guión en el que el habla de los personajes de la calle o de los estratos más humildes de la sociedad era pulida con incontables recursos literarios. Algo que, en el mejor de los casos, terminaba desplazando la película del realismo documental al drama social y neutralizando, en el peor de ellos, cualquier asomo de carácter crítico que el tema pudiera haber dejado entrever. Partiendo de estas premisas, el cine de Laurent Cantet se nos antoja cualquier cosa menos tímido.

Desde que Entre les murs (La clase, 2008), última película de Cantet hasta la fecha, fuera aclamada en Cannes 2008, mucho se ha hablado del valor documental que impregna su cinematografía. No en vano, la gestación del filme se produjo en el mismo centro de educación secundaria a las afueras de París en el que transcurre la película y su protagonista, François Bégaudeau no es otro que el autor del libro que sirvió de base al guión a tres bandas de Robin Campillo, Cantet y  el propio Bégaudeau. No resulta complicado traer a colación experiencias anteriores similares: Ça commence aujourd’hui (Hoy empieza todo, Bertrand Tavernier, 1999), basada en el las experiencias de Dominique Sampiero recogidas en El tiempo cautivo, o Être et avoir (Ser y tener, 2002), de Nicolas Philibert, con el profesor de educación primaria Georges López como protagonista, constituyen los ejemplos más evidentes.

Sin ir más lejos, los límites entre el documental observacional y el realismo documental se vuelven difusos cuando comparamos dos películas como Ser y tener y La clase: mientras que la primera se inscribe en el género documental para mostrar el día a día de una escuela rural sin, aparentemente, más desarrollo dramático que el que propicia la centralidad de algunos niños como el travieso JoJo, La clase escenifica la rutina de un curso de secundaria insertando diálogos espontáneos de los alumnos e improvisaciones en una trama precisa que da cuenta de una evolución narrativa de los personajes.

Sin embargo, a pesar de su innegable valor documental, la filmografía de Cantet se construye sobre una serie de recursos (por ejemplo, el formato panorámico) que, como precisa Roberto Amaba, incorporan una dimensión plástica demasiado poderosa para ser obviada[1]. Nos encontramos ante una mirada que no renuncia a los poderes que otorga la ficción, sino que, bien al contrario, los pone al servicio de un realismo descarnado para escarbar en las entrañas de lo cotidiano y, en muchos casos, indagar sobre aquello que los poderes fácticos se esfuerzan por volver invisible: la fractura social (La clase), la miseria (Hacia el sur) y la explotación y la opresión laboral (Recursos humanos, El empleo del tiempo).

La forma en que lo real se encarna en el cine de Cantet no hunde sus raíces tanto en el documental como en la mejor tradición del cine de la modernidad, desde la poética neorrealista de Roberto Rossellini, que fue pionero en el trabajo con actores no profesionales y el rodaje en exteriores con luz natural, hasta las manifestaciones más actuales de una forma de filmar que ha sabido reinventar la herencia dejada por los nuevos cines. Los hermanos Dardenne, Nicolas Klotz u Olivier Assayas, pero también Matteo Garrone, John Sayles y Ken Loach, son algunos de sus más preclaros exponentes.

También hay una cuestión de método a través de la cual lo real se infiltra en las tramas de Cantet para dotarlas de una densidad intelectual acercándolas, una vez más, al documental y al ensayo cinematográfico. Se trata de la articulación de la indagación, de la pesquisa previa a la realización del filme, con un discurso que podemos declarar heredero de las prácticas intelectuales más coherentes y duraderas que introdujeron las rupturas del 68, de Pierre Bourdieu a Michel Foucault. Un discurso para el que el control de los individuos, ya sea en la escuela, en la fábrica o en la oficina, constituye el más poderoso mecanismo de supervivencia del sistema capitalista.

Texto publicado en el Diario del XV Festival Internacional Cinema Jove, 2010.


[1] Roberto Amaba, “Entre les murs”, reseña publicada en Blogs&Docs, 1 de febrero de 2009, última consulta del 28 de septiembre de 2012.

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Esta entrada fue publicada en 28 de septiembre de 2012 por en ESCRITOS Y ENSAYOS y etiquetada con , , .
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