Hipócrita lectora

Blog de Sonia García López

Despertar de la visión

Cineteca dedica una completa retrospectiva a la filmografía realizada hasta la fecha del director mexicano Nicolás Pereda (México D. F., 1982). Pese a su juventud, el autor de Perpetuum Mobile (2009) puede presumir de haber consolidado, en solo tres años, una interesante filmografía que, a estas alturas, ya muestra unas señas claras de identidad y ha alcanzado reconocimiento en festivales como Venecia (Italia), Guadalajara (México) y Rótterdam (Holanda), además de contar con cierto recorrido en citas tan importantes como Toronto o San Sebastián. Desde su ópera prima, ¿Dónde están sus historias? (2007), coproducción mexico-canadiense premiada en Morelia y Toulouse, hasta Verano de Goliat (2010) su quinto y, por el momento, último largometraje, la obra audiovisual de Nicolás Pereda ha ido cobrando entidad en tanto que territorio donde el documental se recrea en un juego perpetuo con los códigos del cine de ficción heredero de las poéticas de la modernidad; ese que, en la última década, ha dado en Iberoamérica resultados tan felices como los trabajos de Lisandro Alonso, Lucrecia Martel, Carlos Reygadas, Pedro Aguilera, Miguel Gomes o Marc Recha. Pecadores impenitentes, todos ellos, que gozan dejándose caer, una y otra vez, en la “tentación documental”, para emplear la expresión de Adrian Martin.

Por esta senda, Pereda ha ido tan lejos como para construir cuidadosamente una escena documental, a través de un recurso incuestionablemente ligado a la forma como es la entrevista (al comienzo de Verano de Goliat), y hacerla saltar por los aires en la secuencia siguiente, en la que se zambulle de lleno en la ficción de la mano de los actores con los que siempre trabaja: Gabino Rodríguez y Teresa Sánchez. No nos encontramos ante una versión actualizada de la vieja ironía postmoderna, seducida por el ripio: “Nada es verdad, nada es mentira. Todo es del color según del cristal con que se mira”. Por el contrario, en las películas de Pereda, el juego con el documental y la ficción responde más bien un deseo de dar cuenta de la naturaleza inaprensible de la realidad, siempre lábil a las estrategias de desocultación que pone en juego la ficción e infiel al amor por la verdad propio del documental. Como afirmaba el director refiriéndose al cortometraje Entrevista con la tierra (2009), que le serviría como punto de partida para Verano de Goliat: “nunca está del todo claro qué ocurre en el mundo de la ficción o en el mundo del documental. Tal vez, la mejor explicación sea que en cada momento, en cada fotograma, hay elementos de ficción y de documental. Creo que este es un enfoque interesante, pues, de alguna manera nos alerta de que ninguna forma está más cerca de la realidad que otra. Se trata, siempre, de puntos de vista sobre la realidad y, al mismo tiempo, realidades en sí mismas”.

La densidad temporal, el respeto por los vacíos y los silencios de la pareja de Juntos (2009), factores tan determinantes como los diálogos y las acciones presentes en cualquier película para dotar de sentido a la experiencia, son la materia con la que Nicolás Pereda da forma a su cine; pero también el ritmo, el uso de un montaje fragmentado que pone de relieve la mediación del dispositivo y, tras él, la presencia de una sensibilidad juguetona, en ocasiones lírica o, incluso, melancólica, forman parte ese todo armónico que dota de carácter la obra de un director que parece tener todavía mucho por decir.

Con todo, pese a la inequívoca filiación del cine de Pereda con las propuestas más sugerentes del cine actual, el director retiene una serie de características, trabajadas en otros momentos de su carrera, en el mundo del teatro, la ópera o la danza, que hacen dialogar su producción audiovisual con las artes plásticas (pintura y escultura, principalmente), la literatura y la fotografía: retratos humanos, paisajes abstractos a los que les insufla en aliento de la vida al dotarlos de movimiento y fluir temporal dentro del estatismo de los cuerpos y los encuadres. Así, una pieza como Todo, en fin, el silencio lo ocupaba (2010), realizada en colaboración con la actriz, directora, performer y activista política Jesusa Rodríguez sobre un monólogo de Sor Juana Inés de la Cruz, trasciende la fórmula del making-of o del backstage film para adentrarse en un territorio más afín al videoperformance o la videodanza en un nuevo cruce de caminos donde la tradición poética, representada aquí por el barroquismo de Sor Juana, se encuentra con la vanguardia artística. En este film, como en Entrevista con la tierra y en Verano de Goliat, junto a la vida, y el deseo de aprehenderla en toda su ambigüedad y complejidad, hallamos la representación de lo más intangible para el ser humano: la muerte, los rituales con ella asociados y sus misterios. La dicotomía vida / muerte en el plano temático y la dicotomía entre ficción y documental, en un plano formal, le sirven a Nicolás Pereda para encaminar nuestra experiencia como espectadores en una misma dirección: la que conduce a la desnaturalización de las convenciones cinematográficas que, a fuerza de repetirse, parecen haber adormecido nuestra percepción. Un despertar de la visión.

Texto publicado con motivo de la retrospectiva dedicada a Nicolás Pereda en Cineteca Matadero,del 10 al 26 de febrero de 2012.

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