Hipócrita lectora

Blog de Sonia García López

Ben Rivers y el cine con mayúsculas

Que el cine y el audiovisual constituyen medios cada vez más transitados por la creación artística es un hecho desde hace varias décadas. Más lenta ha sido la penetración y la aceptación de planteamientos artísticos en el discurso cinematográfico propiamente dicho. Si bien el cine de arte o el cine experimental cuenta con una tradición propia, al margen de la industria y de las grandes historias del cine, solo recientemente comienza a conquistar un espacio en los circuitos reservados al Cine con mayúsculas. La sección Orizzonti de la Mostra de Venecia, siempre atenta a las nuevas tendencias cinematográficas, ha dado buena cuenta de ello en su selección de este año [2011], contando con una importante presencia de cine experimental y cine de artistas, en sinergia con el predominio de trabajos audiovisuales presentados por artistas participantes en la Bienale de Venecia.

El filme ganador del premio de la Asociación Internacional de la Crítica Cinematográfica (FIPRESCI), Two Years at Sea, del británico Ben Rivers, estaba entre las películas presentadas en la histórica sección del festival, que incluyó piezas de Mark Lewis y Andrew Kötting, así como el nuevo trabajo del norteamericano Ben Russell. Los cortometrajes de Ben Rivers, que han podido verse en nuestro país a través de las pantallas del Festival Punto de Vista de Navarra o Documenta Madrid, entre otras, proyectan una mirada inquietante, fascinada por lo espectral y por las fuerzas invisibles que desencadenan los procesos de la naturaleza, al tiempo que desestabilizan la experiencia espectatorial alterando la percepción del tiempo y el espacio a través de la narración y la manipulación del material cinematográfico, a partir del que recrea las emulsiones, el grano o la luz del cine de los primeros tiempos.

Two Years at Sea, realizada por encargo de FLAMIN productions, retrata la existencia solitaria de Jake Williams, un hombre que vive aislado en el remoto bosque de Aberdeenshire, Escocia. La cámara lo acompaña en el paso de las estaciones, sobreviviendo frugalmente, construyendo una canoa, sentado junto al un lago o durmiendo en una caravana que flota sobre un árbol. En última instancia, la película recoge la vivencia del sueño radical que tuvo de joven, un sueño para el que estuvo dos años trabajando en el mar. El largometraje hunde sus raíces en un proyecto anterior, el corto This is my land (2006), en el que Rivers se acercó por primera vez a la figura de Jake, buscando paralelismos entre su modo de vida, voluntariamente marginal y autosuficiente, y la manera de trabajar del cineasta ajeno a la industria, que filma, procesa y monta sus propias películas. Toda una invitación a reconsiderar los vínculos indisolubles (aunque en ocasiones invisibles) que unen el presente y el pasado y la relación, solo en apariencia antagónica, entre la naturaleza y la tecnología.

Texto publicado en Next Audiovisual en septiembre de 2011.

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Esta entrada fue publicada en 28 de agosto de 2012 por en ESCRITOS Y ENSAYOS y etiquetada con , , , .
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