Hipócrita lectora

Blog de Sonia García López

Estrellas contra barras

Más que un acontecimiento musical, puede decirse que el Festival de Woodstock, celebrado en 1969 en el pueblecito con el mismo nombre del estado de Nueva York, fue un acontecimiento histórico. Por ello, Woodstock (Michael Wadleigh, 1970), habla de mucho más que de música. Y es que, durante los tres días que duró el macroconcierto, el equipo de Wadleigh levantó acta de la actitud ante la vida y la sociedad, los valores, los gustos musicales, la forma de relacionarse y, en definitiva, la cultura, de la generación que llegó a la edad adulta rebelándose contra la guerra de Vietnam y las desigualdades de clase, género, raza y sexualidad que habían dado pie al movimiento por la lucha de los derechos civiles. Una generación, tan americana como la que había luchado contra el fascismo tres décadas antes, que tocaba su himno al son de la endemoniada guitarra de Jimi Hendrix. En aquella orgía celebratoria que fue Woodstock, la música, su principal protagonista, se convirtió en el emblema de la paz por antonomasia, y no solo por el carácter antibelicista de muchas de las canciones que allí sonaron, sino por la demostración masiva de respeto y convivencia experimentada por los asistentes. Como reconoció el director en una entrevista, aquel lugar era famoso por haber acogido encuentros contestatarios: en la década de 1920 fueron los socialistas, en la de los 50, Allen Ginsberg y sus correligionarios de la generación Beat y, en los 60, Bob Dylan, Joan Baez y algunos otros. En cierto modo, el acontecimiento musical y cultural de 1969 estaba en sintonía con aquella tradición.

Wadleigh y su equipo consiguieron más de 120 horas de material excepcional que contenía entrevistas a los asistentes y a algunos habitantes de Woodstock, condensaba instantes irrepetibles de interpretaciones como las de Janis Joplin, Joe Cocker, The Who o Crosby, Stills & Nash y momentos, como la tormenta que obligó a interrumpir los conciertos y desató un festival dentro del festival al son de los tambores y de los cuerpos deslizándose por el barro, que de otro modo hubieran caído en el olvido. Con aquel metraje, Thelma Schoonmaker (que a partir de esa colaboración se convertiría en montadora habitual del director de Toro Salvaje) y un joven Martin Scorsese dieron forma al que habría de convertirse en uno de los mejores documentales musicales de todos los tiempos. Con un creativo empleo del recurso de pantalla partida y tripartita crearon caleidoscópicas escenas de los conciertos y sacaron el máximo partido del material filmado, montando en paralelo secuencias de entrevistas junto a otras que funcionaban como instantáneas o retratos en movimiento de la vida en el recinto del festival durante los tres días que duró aquel evento histórico.

Texto publicado con motivo de la proyección de Woodstock en Cineteca Matadero.

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Un comentario el “Estrellas contra barras

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Esta entrada fue publicada en 14 de agosto de 2012 por en ESCRITOS Y ENSAYOS y etiquetada con , , , , , .
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