Hipócrita lectora

Blog de Sonia García López

La sonrisa del gato, la mirada de la lechuza

En 2012, Chris Marker, nacido Christian François Bouche-Villeneuve en Ulan Bator, Mongolia, cumplirá 91 años. Aunque juega a ser invisible, quién sabe cuántos le habrán visto filmar desde que comenzó a hacer películas, a principios de la década de 1950.

En su más de medio siglo detrás de la cámara ha pasado por muchos puntos calientes del planeta: haciendo servir la mirada penetrante e inteligente de la lechuza, asistió al estallido de entusiasmo que siguió a la revolución cubana a principios de la década de 1960, cuando todo estaba por hacer y no había lugar para los fantasmas; en 1967 asistió, junto con François Reichenbach, a la marcha pacífica sobre Washington con motivo de la protesta masiva contra la guerra de Vietnam. Aquel mismo año filmó uno de los siete capítulos de Lejos de Vietnam para manifestar su apoyo al gobierno de Ho Chi Min; a principios de la de 1970 se encontraba en Chile, donde asistió al golpe de estado contra el gobierno de Salvador Allende. De aquella dolorosa experiencia resultó La embajada (1973), una hermosa película filmada en Super-8 que Marker montó utilizando para la banda sonora (a la que él mismo le puso voz) el diario que llevó desde dentro de la embajada los primeros días del golpe; y, durante la década de los noventa, cuando las utopías parecían haber conducido a un callejón sin salida: Berlín, Rumanía, Yugoslavia… la lista podría hacerse interminable y solo redundaríamos en una constatación: el compromiso con la igualdad, la justicia y la libertad y que atraviesa la filmografía de Chris Marker.

Bajo el signo de la libertad, en este caso formal, se descubre también la otra cara de la moneda markeriana, en la que se dibuja, cada vez con mayor frecuencia, la sonrisa burlona y esquiva del gato, elevada a la categoría de icono de la resistencia en Gatos encaramados (2003) y convertida en avatar del esquivo cineasta bajo el nombre de Guillaume-en-Egypte. En su incansable búsqueda de nuevos prismas desde los que enfocar la realidad, Chris Marker ha transitado el vérité, el filme ensayo, la película experimental e incluso la animación; algo que le ha permitido observar con agudeza el mundo en que le ha tocado vivir al tiempo que articulaba una brillante reflexión sobre el medio cinematográfico, sobre el valor de la palabra en el guión, los poderes reveladores del montaje y la importancia de estar siempre bien atento, como le gustaba hacer a Cartier-Bresson, para asistir a una epifanía en el momento decisivo. Y, Marker, que siempre amó los formatos propios del documental y el cine amateur (16 mm. y Super-8), se sacudió la nostalgia cuando llegó el vídeo analógico y, más tarde, el digital, apostando de nuevo por los formatos más accesibles, aquellos que mejor garantizan la libertad de movimientos. Como ha afirmado Emilio Bernini, “no es casual que alguien como Chris Marker diga: “Por fin aquella utopía se hace posible. Hoy, gracias a los nuevos equipos digitales, podemos hacer cine, de hecho incluso pensar el cine a la velocidad en la que se produce el pensamiento, igual que un escritor”.

Texto publicado con motivo del ciclo Marker en corto, en Cineteca Matadero

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Esta entrada fue publicada en 31 de julio de 2012 por en ESCRITOS Y ENSAYOS y etiquetada con , , , , .
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