Hipócrita lectora

Blog de Sonia García López

¿Cómo lo habría hecho Kazan?

Elia Kazan recibió el Oscar honorífico en 1999, durante la 71 edición de los premios de la Academia de Hollywood, Martin Scorsese y Robert De Niro le recibieron en el escenario. A pesar de la ovación que le dedicó la profesión al director de América, América, a muchos no se les escapó el gesto de Nick Nolte, Holly Hunter y Ed Harris, que permanecieron sentados y de brazos cruzados. Querían expresar de ese modo su desacuerdo con el premio a quien había protagonizado un vergonzoso episodio en los años 50, durante la llamada “Caza de Brujas”, cuando denunció a algunos de sus compañeros de profesión (y de convicciones ideológicas) por su pertenencia al Partido Comunista antes de la segunda guerra mundial.

Algo más de diez años después, con Kazan ya desaparecido, Martin Scorsese (junto al prestigioso crítico cinematográfico Kent Jones) se sirve del cine para escribirle al director una carta personal que es al mismo tiempo confesión y homenaje. Pues, pese al desprecio que se había granjeado entre la izquierda cinematográfica (y que el documental no elude), Scorsese reconoce en Kazan una suerte de padre cinematográfico, alguien a través de cuyas películas aprendió que la vida y el mundo que le rodeaban podían convertirse en arte. Con La ley del silencio el director de Malas calles supo que su mundo importaba, que los cuerpos y su manera de moverse, las voces y el modo en que sonaban, los rostros allí reflejados con idénticas dosis de dureza y ternura, no estaban muy lejos del cine Loews Comodore de Nueva York, donde Scorsese vio la película, por vez primera, en 1954. Fue por aquellos años cuando aquel joven y ávido espectador comenzaba a preguntarse: ¿Qué clase de persona debe ser un director de cine? ¿Un cazador blando, dirigiendo un safari en un territorio peligroso y desconocido? ¿Un hipnotizador que trabaja con el inconsciente para conseguir sus fines? ¿Debe ser tan astuto como un comerciante en un bazar de Bagdad, tan hábil como un ladrón de joyas? ¿Tan amable como una madre que lo perdona todo y tan severo como su esposo, que no perdona nada?

Con un tono íntimo, casi hipnótico, Scorsese guía al espectador a través de la filmografía y los inolvidables personajes del director de origen griego y, al mismo tiempo, va revelando su educación sentimental como cinéfilo y como director de cine. Scorsese creció con las películas de Kazan y aquellas películas crecieron con él hasta que un día, cuando quiso filmar, se preguntó: ¿cómo lo habría hecho Kazan?

Texto publicado con motivo de la proyección de A letter to Elia en Cineteca Matadero

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Esta entrada fue publicada en 31 de julio de 2012 por en ESCRITOS Y ENSAYOS y etiquetada con , , , , , .
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